Hay cuestiones que pasan desapercibidas porque ocurren bajo nuestros pies.

No las vemos, pero sostienen buena parte de la vida que conocemos. El suelo es una de ellas. Sobre él cultivamos nuestros alimentos, regula el agua que infiltra cuando llueve, almacena carbono, alberga una inmensa biodiversidad y hace posible que los ecosistemas funcionen. Sin embargo, pocas veces pensamos en su estado de salud.

Quizá por eso resulta tan necesario abrir espacios de encuentro donde agricultores, investigadores, empresas y administraciones puedan detenerse a reflexionar sobre una cuestión que afecta a todos. Ese fue precisamente el objetivo de la jornada «Cuidar el suelo, cuidar nuestra salud», organizada por AlVelAl en Chirivel como Partner Event de la EU Green Week 2026.

Más que una sucesión de ponencias, la jornada fue una conversación sobre el futuro. Sobre cómo queremos producir nuestros alimentos, cómo queremos gestionar nuestros paisajes y qué papel puede desempeñar la agricultura en la recuperación de los ecosistemas.

Un cambio de mirada

Durante muchos años hemos entendido el suelo como un simple soporte para producir cultivos. Sin embargo, la ciencia lleva tiempo demostrando que esa visión es incompleta. El suelo es un ecosistema vivo, complejo y dinámico, en el que millones de organismos trabajan de forma silenciosa para mantener el equilibrio de la naturaleza.

Miguel Ángel Gómez, director técnico de agricultura regenerativa de AlVelAl, lo explicó con una idea que resume perfectamente el espíritu de la agricultura regenerativa: ningún suelo agrícola está completamente muerto; siempre existe vida que podemos ayudar a recuperar.

Esa afirmación cambia por completo la perspectiva. Si el suelo está vivo, también puede regenerarse. Y si puede regenerarse, la agricultura deja de ser únicamente una actividad productiva para convertirse en una herramienta capaz de restaurar los ecosistemas.

Pero esa transformación no ocurre por sí sola. Requiere conocimiento, observación y una nueva manera de entender la relación entre las personas y el territorio.

La investigación como aliada del agricultor

Uno de los aspectos más interesantes de la jornada fue comprobar cómo la investigación científica está acercándose cada vez más a las necesidades reales de quienes trabajan la tierra.

Durante la presentación del proyecto europeo LivingSoiLL, el investigador de la Universidad de Jaén, Juan Manuel Jurado, mostró cómo herramientas como los sensores, la teledetección o la inteligencia artificial pueden ayudar a comprender mejor el funcionamiento de los suelos agrícolas.

Sin embargo, el mensaje no fue tecnológico, sino profundamente práctico. El objetivo no es generar más datos, sino ofrecer información útil que permita tomar mejores decisiones en cada explotación. Porque ningún suelo es igual a otro y ninguna receta sirve para todos los territorios.

La innovación solo tiene sentido cuando termina convirtiéndose en una solución para el agricultor.

Del conocimiento al mercado

Si la primera parte de la jornada puso el foco en el suelo y la investigación, la segunda trasladó el debate a la empresa y al consumidor.

Porque la agricultura regenerativa no termina cuando finaliza la cosecha.

Necesita una cadena de valor capaz de reconocer el esfuerzo que realizan quienes producen de otra manera y trasladar ese valor hasta el mercado.

Las intervenciones de las empresas participantes coincidieron en una idea fundamental: el futuro del territorio no pasa por competir en cantidad, sino en diferenciación.

Cristóbal Aránega, fundador de Crisara y primer presidente de AlVelAl, lo resumió con una frase que quedó resonando entre los asistentes: «Hay dos caminos: vender mercancía o vender marca.»

Detrás de esa reflexión hay mucho más que una estrategia comercial. Hay una forma distinta de entender el desarrollo rural. En territorios de secano, con limitaciones productivas como las del Altiplano Estepario del Sureste de España, el verdadero valor no está en producir más, sino en producir mejor, demostrarlo y saber comunicarlo.

En esa misma línea, Pablo Salustiano García, director gerente de La Almendrehesa, explicó que el interés del mercado por este tipo de productos existe y continúa creciendo. El reto ya no es convencer al consumidor de que la sostenibilidad importa, sino generar las evidencias, la colaboración y la capacidad empresarial necesarias para responder a esa demanda.

Regenerar también significa colaborar

Si hubo una palabra que apareció una y otra vez durante toda la jornada fue colaboración.

Colaboran los agricultores que abren sus fincas para implementar nuevas prácticas. Colaboran los investigadores que convierten esas experiencias en conocimiento científico. Colaboran las empresas que transforman ese conocimiento en oportunidades de mercado. Y colaboran los proyectos europeos que facilitan recursos para acelerar ese proceso.

La agricultura regenerativa no puede construirse desde un único actor. Necesita redes de confianza capaces de conectar disciplinas, experiencias y personas.

Quizá esa sea una de las principales enseñanzas que dejó la jornada: las soluciones más eficaces no nacen únicamente en un laboratorio ni únicamente en una finca agrícola. Surgen cuando ambos mundos empiezan a trabajar juntos.

Un territorio que inspira

Hace más de una década, AlVelAl comenzó a hablar de restauración del paisaje cuando todavía era un concepto poco conocido. Hoy, ese trabajo ha situado al territorio como un referente europeo en agricultura regenerativa y restauración de ecosistemas.

Proyectos como GOV4ALL, el desarrollo de la Certificación Ecoregenerativa o las iniciativas empresariales que han surgido en torno a la asociación demuestran que regenerar el suelo no es solo una cuestión ambiental. También significa generar nuevas oportunidades económicas, fortalecer el tejido empresarial, fijar población y construir un territorio más resiliente.

La jornada celebrada en Chirivel no ofreció respuestas definitivas. Pero sí dejó una certeza compartida por todos los participantes: cuidar el suelo ya no es una opción reservada al ámbito agrícola. Es una responsabilidad colectiva.

Porque en cada centímetro de suelo fértil hay mucho más que tierra. Hay agua, biodiversidad, alimentos, paisaje, economía y futuro.

Y quizá la mejor forma de cuidar nuestra salud empiece, precisamente, por cuidar la salud del suelo que nos sostiene.