Hace apenas unos años, Juan Antonio Merlos cambió el volante del camión por el tractor. Durante la pandemia decidió dar continuidad a la explotación familiar en Los Vélez y asumir el relevo generacional. Lo hizo, eso sí, con una idea muy clara: quería producir de otra manera.

Había crecido viendo cómo la agricultura seguía el modelo que durante décadas marcaban las políticas agrarias: laboreo continuo, fertilizantes y tratamientos fitosanitarios. Sin embargo, cuando tomó las riendas de la finca comenzó a buscar alternativas. Fue entonces cuando conoció AlVelAl y descubrió la agricultura regenerativa.

Desde entonces no ha dejado de transformar su finca. Hoy gestiona cerca de 100 hectáreas de almendro y olivar ecológico, donde las cubiertas vegetales, el pastoreo con ovejas, la incorporación de materia orgánica y la reducción del laboreo forman parte de su manera de entender la agricultura.

El camino no ha sido fácil. Los primeros años estuvieron marcados por una intensa sequía que dificultó la implantación de las cubiertas vegetales. Pero este año, con unas lluvias más favorables, ha podido comprobar el resultado de todo el trabajo acumulado. «Ha sido una explosión», resume.

Amapolas donde hacía años que no aparecían, abejorros, mariquitas, perdices, tórtolas, golondrinas siguiendo el paso de la maquinaria en la cosecha y una cubierta vegetal que protege el suelo y devuelve vida al paisaje. Para Juan Antonio, esos son los indicadores más claros de que va por el buen camino.

Más allá de producir almendra o aceituna, lo que busca es recuperar el equilibrio que durante años se fue perdiendo. «La naturaleza no te quita nada. Todo lo que le das, te lo devuelve.»

En ese proceso reconoce que el acompañamiento de AlVelAl ha sido fundamental. El asesoramiento técnico, el Fondo Semilla para implantar cubiertas vegetales o el Banco de Maquinaria le han permitido aplicar prácticas que, de forma individual, serían muy difíciles de asumir.

También ha incorporado otras actuaciones, como un pequeño estanque para favorecer la fauna o correcciones hídricas para mejorar la gestión del agua en la finca. Cada paso suma en un modelo que entiende la agricultura y la conservación de la naturaleza como aliados.

Cuando imagina cómo le gustaría encontrar su finca dentro de veinte años, no habla primero de cosechas. Habla de flores, de biodiversidad y de un paisaje lleno de vida.

Sueña con seguir viendo romeros, amapolas, leguminosas y cereal cubriendo el suelo, con más aves, más insectos y más equilibrio entre la actividad agrícola y el entorno natural.