Inspiradora, Claudia Jiménez es una trabajadora cuyo deseo es construir un futuro regenerativo.

Desde los 18 años ha dedicado su vida al mundo laboral en el sector del comercio, siempre cerca de su pueblo natal, Félix, en la Alpujarra de Almería. Con el tiempo, su trayectoria la llevó a desarrollar habilidades en el área de administración, una experiencia que la ha nutrido y fortalecido tanto en lo profesional como en lo personal.

Su espíritu colaborativo la llevó a formar parte del Comité de Empresa de Carrefour, donde asumió el cargo de presidenta y delegada sindical. Estas responsabilidades no solo demostraron su capacidad de trabajo y compromiso, sino también su pasión por ayudar a los demás y generar impacto positivo en su entorno laboral.

Hace una década, Claudia se trasladó a Chirivel, donde encontró un hogar junto a su pareja. Su integración en este municipio no fue pasiva; desde entonces ha participado actividades comunitarias y proyectos locales, como la Ruta del Estraperlo organizada por AlVelAl, que la conectó con iniciativas más amplias, como el proyecto europeo GOV4ALL.

Un proyecto transformador

Para Claudia, AlVelAl representa algo más que una asociación; es una familia. Admira cómo un pequeño y humilde grupo arrancó una maquinaria que a día de hoy ha conseguido crear un movimiento con un impacto social tan significativo. Este cambio en la sociedad, según ella, va más allá de las acciones concretas: “Es un sentimiento que hay que crear en la gente, inculcar una nueva cultura.”

Sin embargo, Claudia también señala un desafío crucial: Cree firmemente que el futuro está en la educación y en la juventud. “Hay que insistir en los colegios, en los niños y en la juventud. Debería ser como una asignatura más,” afirma. Su apuesta por las nuevas generaciones es clara: “si queremos construir un futuro sostenible, debemos invertir en ellas”.

Una visión de largo plazo

Claudia sueña con un AlVelAl que trascienda generaciones, que se convierta en un legado que pase de padres a hijos, construyendo un recorrido a largo plazo. No obstante, también reconoce la importancia del impacto económico en este proceso. Es consciente de que un mundo rural vivo requiere no solo personas comprometidas, sino también oportunidades económicas sostenibles.

Su visión del mundo rural es esperanzadora: un lugar lleno de gente que ame su profesión y que encuentre en su trabajo una forma de cuidar el territorio. Para Claudia, el equilibrio entre lo social, lo económico y lo ambiental es fundamental para lograr una transformación duradera.